Un poco cliché

Hace unos dίas estaba viendo un vídeo que documentaba las etapas de vida de una oruga que luego se convertiría en mariposa. Lo veía mientras me sentía mal. Me sentía cansada, triste, desanimada y no tenía ganas de salir. Esto me tenía confundida pues yo soy todo lo contrario: pura energía, sonrisas y siempre dispuesta a salir y explorar. Sin embargo, hacía ya varios días que no me sentía así- con deseos de esconderme, de convertirme en ermitaña, de estar cansada de no sé qué.

Entonces, de pronto, la oruga – después de haber crecido y alcanzado madurez y una apariencia colorida y hermosa – comienza a esconderse. Imagino que el video estaba acelerado, pero había algo frenético en la construcción de su guarida. Como si se estuviese preparando para el fin inminente. Y yo me puse a pensar. Las orugas no tienen la misma capacidad de análisis y pensamiento que los humanos, pero personifiquemos al animalito por unos minutos. La oruga no sabe que va a terminar siendo mariposa cuando comienza a sentir esa urgencia de crear una crisálida donde meterse. Tal vez la oruga estaba viviendo su mejor vida cuando de pronto llego esa nube negra. De pronto sintió que tenía que alejarse, descansar y esconderse. Seguro esto no le hacía sentido pero era su instinto. Por más que trataba, aun profería esconderse en lugar de continuar con su vida normal. Y comenzó a hacer su crisálida. Al fin y al cabo, la oruga termino de construir su nueva guarida y ahí se quedó por un tiempo, luego del cual ya todos sabemos lo que sucedió. Emergió mariposa. Podía volar. Era un organismo completamente diferente.

Nada de esto hubiese sucedido si la oruga hubiera seguido resistiendo su instinto. Si en lugar de apartarse, hubiera insistido en que esa no era su personalidad y que no se iba a recluir. Si no hubiera aceptado que en ese momento tendría que pasar por el dolor y la oscuridad sin saber cuánto duraría, seguramente hubiese muerto. O si hubiera alterado el proceso y en lugar de apartarse y esconderse para atravesar su proceso, se hubiera quedado expuesta – probablemente un predador la hubiese encontrado en su momento más débil.

Esta línea de pensamiento me llevo, cual círculo, hasta mi misma nuevamente. Entendí que existen ciertas ocasiones en que no debo ir en contra de mi instinto. Si me siento diluida, cansada, desanimada, debo sacar un momento para aislarme o “esconderme”. Debo entender que no debo temer a la oscuridad porque contrario a la oruga, yo sí sé que no será el fin. Sé que el proceso solo dura un tiempo pero luego llegará otra temporada. Que hay veces que hay que aceptar la tristeza y que hay veces que no tiene ninguna explicación o justificación. Pero que ese mismo instinto de alejarme o esconderme podría ser precisamente lo que me lleve a ser un organismo completamente distinto.

Join the Conversation

  1. Avatar de Desconocido

1 Comment

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar