Nada me pertenece, todo pasa en esta vida.
Nada es tan seguro como que nada es seguro.
Dicen por ahí: La única constante es el cambio mismo.
La vida es agua en las manos, se escurre, se escapa.
Quien intenta conservarla, aun termina perdiéndola.
Nada más que hoy es veraz.
El pasado es historia no más.
Se convierte en memoria, en leyenda quizás.
Mañana, no sé si vendrá.
El porvenir, desconozco qué traerá
y el futuro siempre incierto será.
Yo solo puedo vivir hoy.
Nada me pertenece…ni tan siquiera el tiempo.
Nada aquí es real si lo creo todo incierto.
He escuchado, “somos polvo en el viento”.
Polvo soy y al polvo volveré,
un río en su camino al mar.
Quien cree ser más, termina siendo menos al final.
A nada puedo llamar propio en este trajín.
Nada es estático en este constante fluir.
A nada debo apretar tan fuerte que me duela dejarle ir.
Porque esta vida es un continuo ir y venir.
Efímeras flores del vergel, no la juventud,
si no cada instante y acontecer.
Los momentos que te hacen crecer
Lento y a veces con dolor, así empiezas a entender.
Nada me pertenece, todo pasa en esta vida.
Ni el sol, ni la lluvia. Ni la tristeza, ni la sonrisa.
Ni un momento es eterno.
Todo comienza y todo acaba
y mejor disfrutar lo que queda de por medio.
Entre el nacimiento y la muerte,
entre el principio y el final-esa es la historia, realmente.
Nada me pertenece.
A nada puedo llamar propio
en este contante fluir, en este hermoso ir y venir.